Cuadernos de budismo 66 Otoño 2008

Otoño 2008
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Precio de venta5,50 €
Descripción

Conocer la vacuidad puede liberarnos de Lama Zopa Rimpoché

La fiesta del darma -Lama Thubten Yeshe

Ser una buena persona de Loden Sherab Dagyab Rimpoché

Grandes Maestros de Nalanda: Dignaga

Los molinillos de mantras

Hacer girar la rueda del darma -Gueshe Ngawang Dhargyey

Vivir en una comunidad budista -Nicolás Viñés

Dudas que socavan; dudas que iluminan -Ven. Aigo Seiga Castro (leer al final)

Dudar o no dudar, esa es la cuestión -Anila Jamyang Wangmo

Las dudas ¿matan o engordan? -Antonio Pascual

El hábito de siete tiras -Miguel Ángel León

Cuando los árboles no dejan ver el bosque -Juan Ignacio Iglesias

Maneras de vivir. -José Alias

Budismo y arte oriental -Josep M.ª Rovira

¿Puede haber un apego al darma? -Sangye Khadro

Dudas que socavan; dudas que iluminan

Ven. Aigo Seiga Castro

La última pregunta que dirigió el Buda Shakiamuni a sus discípulos antes de entrar en el nirvana fue: “¿Tenéis alguna duda sobre el darma y vinaya que os he enseñado?”. Por tres veces formulo la misma pregunta y recibió idéntica respuesta: el noble silencio de la sanga liberada de incertidumbres. Como es bien sabido, el darma se fundamenta en verdades, entendidas, no como dogmas metafísicos o artículos de fe incuestionables, sino como expresiones de la realidad tal como se corresponde con los hechos, de aquello que sucede, al margen de expectativas o preferencias personales. Y dado que la realidad cuenta con unas facetas obvias y otras por desvelar, necesita ser investigada a fondo, pues constituye el único objeto de conocimiento enfocado en la práctica del darma: “Uno conoce aquello que se corresponde con los hechos” (Digha Nikaya, I, 83-4). Por tanto, este acto de conocimiento excluye, por su misma naturaleza, la presencia de la duda. Enfocaremos el tema según la corriente principal del darma indio, asumida igualmente por el vajrayana y el zen. Primero trataremos la duda contaminada (duda-obstáculo) conforme al abidarma teravada y yogachara, y por último, resumiremos la duda no contaminada (duda-estímulo) desde la perspectiva mahayana. La primera realidad-verdad percatada por el Buda fue que el ser humano sufre a causa de la ignorancia, es decir, de un proceder ilusorio que impregna todo lo que piensa, dice y hace. En su expresión concreta, dicha ignorancia adopta dos modalidades: como duda escéptica y como agitación-frivolidad. Basándose en esto, el yogachara elaboró la noción de “ignorancia especial” (aveniki-avidya), subrayando el hecho de que todos los estados producidos por la mente ordinaria (saludables, perjudiciales o neutros) tienen por base la ignorancia. Según esto, el Despierto partió de una realidad incuestionable: ser humano implica sufrir, ignorar, y por tanto, dudar, estar sujeto a un continuo proceso de incertidumbre. Y este dudar esceptico (vicikitsa) se definio como uno de los principales obstáculos para el cultivo del darma. Veamos ahora en qué consiste y cuáles son sus objetos. Etimológicamente, vicikitsa significa “reflexión dispersa”. La mente se resiste a contactar en profundidad con lo real, por el contrario, prefiere aferrarse rígida y obstinadamente a sus figuraciones y especulaciones. A la mente escéptica no le interesa la verdad y tampoco desea establecer una relación honesta y responsable con seres y cosas. Asimismo, el escéptico teme por encima de todo decidir o concluir nada sobre cualquier asunto, ya que decidir implicaría afirmar las causas del objeto a decidir y asumir sus efectos, y esto se halla en las antípodas del talante superficial y evasivo del escepticismo. En cuanto a los objetos de duda, son tan comunes hoy como lo fueron antaño: escepticismo respecto al maestro, el darma, la sanga, la validez de la práctica y los compañeros de práctica. Pero nutrir dudas sobre tales temas constituye una contaminación mental y un grave obstáculo para el desarrollo ético y espiritual. A nivel meditativo, la duda escéptica es uno de los cinco impedimentos que bloquean el acceso a la absorción mental y se halla en frontal oposición a la emergencia del samadhi. En un contexto existencial, vicikitsa es una de las ataduras que somete al individuo al yugo del mundo sensual, obligándole a renacer indefinidamente en el. El principal antídoto estriba en cultivar una “fe racional”, también denominada “fe surgida de la comprensión”. A diferencia de otras religiones, en el darma la fe limitada a una mera confianza emocional no basta para transformar la mente. Es necesaria una eficaz combinación de indagación critica, verificación práctica y realización directa para que surja una fe “enraizada, establecida, fija e inmutable”, capaz de disolver el cerco del escepticismo. El enfoque Yogachara trata la duda escéptica de una manera más sutil y profunda. Si el teravada considera vicikitsa como una contaminación secundaria, el Abhidharmasamuccaya de Asanga la contempla como una de las seis contaminaciones principales. Aquí el escepticismo pone en duda la validez de las cuatro Nobles Verdades, la ley de causa-efecto (karma) y la enseñanza sobre lo probable y lo improbable. Desde la perspectiva práctica del Mahayana, la contaminación radica en negarse a realizar, por un lado, la apertura emocional necesaria para captar las enseñanzas (fe), y por otro, el esfuerzo contemplativo imprescindible para percibirlas directamente (comprensión). La raíz de este escepticismo se halla en la “mente divisora” (vimati citta), que según el Samdhinirmocana Sutra, oscila compulsivamente en dos direcciones antagónicas estimulada por la duda. En el presente ámbito, vicikitsa no se limita a ser un proceso de evitación del contacto. Es sobre todo, la facultad que impulsa el dualismo sujeto-objeto y produce asimismo la escisión del sujeto consigo mismo fraccionado en múltiples polaridades en conflicto. El yo produce infinidad de yoes que combaten entre sí. Aquí reside la base cognitiva de toda clase de enfrentamiento, desacuerdo, debate, disputa, agitación, violencia, malevolencia y rechazo, tanto hacia los otros como hacia sí mismo. En resumen, vimati citta es la mente que pone en conflicto al yo con los objetos y al yo consigo mismo, porque su naturaleza es el conflicto. Es la mente que siempre duda de lo real, porque su naturaleza es la ilusión escisora de la duda. Lo tratado hasta aquí se circunscribe a la duda escéptica entendida como obstáculo emocional-cognitivo, es decir, como uno de los principales impedimentos de las contaminaciones (klesa-avarana). Ahora bien, resulta que uno se compromete en años de práctica con fe, comprensión teórica, experiencias de claridad mental, y sin embargo, sigue teniendo dudas! No consigue captar ciertas expresiones paradójicas de los sutras o las sutiles indicaciones del maestro, su meditación alcanza un punto previsible de profundidad, y un largo etcétera. Lo que sucede es que uno se ha topado con el segundo impedimento, el relacionado con lo conocible, o lo aún por conocer (jnyeya-avarana). Si bien no es una contaminación en si, dicho impedimento tiene por causa la ingente acumulación de residuos de contaminación (vasana) en el inconsciente profundo (conciencia alaya según el Yogachara). Son ellos los causantes de que, a pesar de numerosos años de práctica, uno todavía tenga la impresión de haber avanzado muy poco y aun le quede mucho darma por realizar. Tener esta impresión es muy positivo. Este es precisamente el aspecto no contaminado de la duda, o duda-estímulo: despertar un continuo auto-cuestionamiento que moviliza y amplia los límites de la fe, la práctica, la comprensión y la realización. Conviene recordar siempre que aún nos queda un largo camino por recorrer hasta alcanzar el conocimiento omnisciente de un Buda. En este terreno, cuatro factores ayudarán a clarificar las dudas: purificación cabal de contaminaciones y sus residuos, audición prolongada del darma, relación incondicional con el maestro y cultivar una paciencia infinita. Dichas condiciones permitirán la eclosión de la fe-comprensión y el surgimiento de una aspiración definitiva al Despertar. Por otra parte, como podrá imaginarse, la situación cotidiana del practicante ordinario no es tan simple. Cada uno cuenta con una peculiar combinación de ambos tipos de duda, y en ocasiones, resulta difícil detectar cual es cual. Por tanto, antes de buscar “soluciones fáciles”, será imprescindible distinguir claramente de que naturaleza es la duda que anida en la propia mente para aplicar el antídoto adecuado. Y como nuestra ignorancia es densa y profunda y nuestras capacidades están por desarrollar, el remedio clave fue bellamente cantado por el maestro Zen Dogen en su Poema de la Bodichita: “Hago el voto junto a todos los seres, a partir de esta vida y a través de innumerables existencias, de escuchar el verdadero darma, sin permitir que me surja la duda ni la desconfianza”.

Ven. Aigo Seiga Castro es maestro budista Zen, fundador de la Tradición Budadharma Zen Soto.

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